Por décadas la política social en México se basó en un modelo focalizado que dirigía recursos a sectores específicos de la población. Desde 2019, el gobierno federal restructuró la asistencia social para orientarla hacia el acceso universal a apoyos no condicionados mediante transferencias directas de efectivo. Este cambio de paradigma plantea desafíos para la evaluación de sus resultados, ya que la universalización dificulta la aplicación de diseños tradicionales de grupos de control y de tratamiento. Este artículo plantea una primera respuesta empírica mediante la aplicación del método de control sintético. Los resultados indican que la universalización de los programas sociales no ha tenido un efecto estadísticamente significativo sobre la tendencia histórica de la pobreza, la pobreza extrema ni el consumo promedio. La corta ventana temporal tras la intervención, así como la comparabilidad entre unidades de análisis son las principales limitaciones de los hallazgos.